Por @GustavoECL
“Que hablen mal de uno
es espantoso, pero hay algo peor: que no hablen”, Oscar Wilde.
César Farías anunció en su
blog la renuncia al puesto de seleccionador de La Vinotinto de mayores y esto
desató diversas opiniones en las redes y medios de
comunicación.
Venezuela entera estaba
a la expectativa de lo que pudiera pasar con Farías y, principalmente, con el
banquillo de la selección desde hace varios días, cuando se filtró desde México
la información de que el estratega había llegado a un acuerdo para dirigir a
los Xolos de Tijuana.
Las críticas al director
técnico sucrense sobran y, ahora que dejó el cargo, hasta los periodistas
acomodados empezaron a expresar su descontento con algunas de las cosas que se
vivieron durante su etapa con el seleccionado. ¿Por qué no hablaron antes? ¿Temor,
complacencia, oportunismo, caradurismo? Ya no importa, este escrito no es sobre
el periodismo deportivo. Tampoco se trata de un análisis detallado del proceso.
César no pasó desapercibido para nadie. No dejó persona indiferente desde que se convirtió en
figura pública. Por eso, más allá de calificar su trabajo como malo o bueno
(algo que está de moda) voy a enumerar las cosas de Farías que, en mi opinión,
extrañará La Vinotinto y las que no.
La selección extrañará:
La notoriedad ante la prensa internacional. Si bien los resultados
positivos y el crecimiento individual y colectivo de los futbolistas
venezolanos fueron determinantes en este sentido, la personalidad de Farías
invitó a posar las miradas sobre la selección.
El mensaje ganador más allá de las adversidades. El ex seleccionador
siempre mantuvo vivas las posibilidades de ir al mundial, al menos desde el
discurso.
La unión de grupo. Se pudo apreciar un buen ambiente de camerino. En
las pocas oportunidades en que hubo rumores de reprimendas por indisciplina, el
técnico supo disiparlos con el tiempo.
La osadía para renovar cuando fue necesario. A César Farías nunca le
tembló el pulso para rejuvenecer a la selección. A lo largo de todo su periodo
apostó siempre por los futbolistas jóvenes e, incluso, muchos de ellos
terminaron siendo indiscutibles (Rondón, Josef, Alexander González). Cuando los
referentes aflojaron su rendimiento (Rey, Maldonado, Vega, Fedor) supo
potenciar a los chamos.
La selección no
extrañará:
La arrogancia y egocentrismo. El estratega siempre miró al periodismo
y la afición por encima del hombro, eso generó un mal ambiente que pudo llegar
a sentir el equipo.
La intolerancia. Farías fue severo e intransigente con quienes lo
criticaron, esto causó un quiebre en su relación con los medios de comunicación
nacionales. Hubo división entre defensores y detractores.
El resultado antes que el estilo. Este punto es el más difícil de
sustentar porque, se supone, que lo más importante en un deporte es ganar. Sin
embargo, existen formas de alcanzar los objetivos trazados y César se aventuró
por las más mezquinas.
La filosofía de ceder el protagonismo y esperar. Farías
nunca aprovechó el talento de la generación actual de futbolistas venezolanos
seleccionables para implementar un estilo de juego ofensivo e irreverente (esa
palabra que tanto le gusta a Richard Páez). Todo lo contrario: sometió a tipos
talentosos a jugar replegados y esperar la oportunidad para contragolpear con
un pelotazo para el puntero solitario. Únicamente en los compromisos finales
ante Perú y Paraguay se vio a una Vinotinto más atrevida. Esto se refleja en el
bajo porcentaje de goles y de ocasiones de gol a lo largo de la eliminatoria.
Esta
es una lista que matiza a grandes rasgos lo que fue la etapa de Farías como
director técnico de la selección de fútbol de Venezuela. A partir de ella, cada
quien podrá agregar o quitar lo que desee y sacar su balance sobre el proceso. Las
conclusiones de César están en el informe que recibió hace dos días la FVF.