miércoles, 6 de noviembre de 2013

Monopolio FutVe (Editorial del día 06 - 11 - 2013)

Por @GustavoECL

“Monopolio” es un juego de compra y venta de bienes inmuebles cuyo objetivo final, como su nombre lo dice, es monopolizar todo el territorio representado en un cartoncito de 40 x 40 centímetros. La idea es volverse rico y poderoso en un mundo ficticio con personajes como un dedal, un perro Terrier, un zapato y un sombrero.

A lo largo de nuestras vidas, hemos visto o escuchado de casos reales de individuos o grupos de individuos que quieren aglutinar todo el poder y el dinero posible. En este mundo globalizado y capitalista es una práctica común. Digamos que los principios del “Monopolio” se aplican en todos los ámbitos del quehacer humano.

Ahora, supongamos que el fútbol venezolano es un tablero y que en lugar de propiedades se juega por dinero y puestos de poder. Hace ya varios años que un grupito logró ocupar los puestos más influyentes y el nuevo objetivo es multiplicar el número de años al mando.

La manera en que la Federación Venezolana de Fútbol procede ante los acontecimientos de cada fin de semana en las canchas del país es muestra de la autoridad absoluta que tienen. Autoridad déspota y descarada. En este tablero de “Monopolio FutVe” no hay casilla de cárcel, sino de FIFA, la cual prohíbe la intervención de la justicia del Estado y deja rienda suelta al todopoderoso señor del penthouse de Sabana Grande. 

La libertad de expresión en el mundo del fútbol nacional es relativa, por no decir nula. Domingo tras domingo detienen los partidos porque los aficionados muestran trapos con mensajes de disconformidad hacia la FVF y el seleccionador nacional. Por su parte, gran parte de los colegas se autocensuran a la hora de criticar para no ir contracorriente porque esto les puede traer consecuencias (entiéndase negación de acreditaciones para juegos de La Vinotinto, como mínimo). También hay casos en los que acuerdan por debajo de la mesa para que el DT nacional declare exclusivamente en los medios de mayor influencia a cambio de su apoyo incondicional (entiéndase cero cuestionamientos, algo opuesto a la esencia del periodismo).

Hace aproximadamente 19 años, el puesto de director técnico de la selección de fútbol absoluta no tenía mayor peso. Actualmente es un cargo influyente en lo mediático y por lo tanto estratégico para los intereses monopólicos. Nunca antes un seleccionador había tenido semejante influjo dentro de la macolla federativa como César Farías. Eso se traduce en poder, es decir, otro miembro de la macolla.
Sin embargo, el puesto de César está pendiendo de un hilo por el fracaso en la obtención de su objetivo: clasificar al mundial. Está claro que los números lo respaldan y que alcanzó cosas importantes como el cuarto puesto en la Copa América 2011 y la victoria ante Argentina, pero su contrato se hizo para ir a Brasil 2014.

Para no perder quilates dentro de la cúpula, el plan es que Daniel Farías gane algo importante con Táchira y así tener los argumentos deportivos -había olvidado que hablamos de deporte- para encargarle el banquillo Vinotinto. Ante la falta de logros del cuadro aurinegro por ahora, la FVF debe tener un plan b: ¿Saragó?, ¿Dudamel?, ¿Bencomo?

Con estos tres nombres Farías perdería pujanza, pero el presidente de la federación, según las malas lenguas, seguiría monopolizando con comodidad. La estrategia es no dar espacio a la disidencia, a la confrontación de ideas. Por eso no hay lugar en los planes para Noél Sanvicente, el técnico que debería ocupar la dirección del seleccionado por méritos propios.

Cuando salen pancartas de protesta la FVF actúa con celeridad, cosa que no sucede cuando los árbitros cometen errores graves de forma reiterada, ni al momento de poner en marcha medidas concretas para prevenir la violencia en los estadios.


Si en el Monopolio FutVe un jugador llega a la casilla de “Arca Comunal” o “Casualidad”, el mensaje en la tarjeta dirá “haga lo que dice el jefe y no pregunte por qué”. Y el jefe del fútbol venezolano se llama Rafael Esquivel. 


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