Por @GustavoECL
“Monopolio” es un juego de compra y venta de bienes
inmuebles cuyo objetivo final, como su nombre lo dice, es monopolizar todo el
territorio representado en un cartoncito de 40 x 40 centímetros. La idea es
volverse rico y poderoso en un mundo ficticio con personajes como un dedal, un
perro Terrier, un zapato y un
sombrero.
A lo largo de nuestras vidas, hemos visto o escuchado de
casos reales de individuos o grupos de individuos que quieren aglutinar todo el
poder y el dinero posible. En este mundo globalizado y capitalista es una
práctica común. Digamos que los principios del “Monopolio” se aplican en todos
los ámbitos del quehacer humano.
Ahora, supongamos que el fútbol venezolano es un tablero y que
en lugar de propiedades se juega por dinero y puestos de poder. Hace ya varios
años que un grupito logró ocupar los puestos más influyentes y el nuevo
objetivo es multiplicar el número de años al mando.
La manera en que la Federación Venezolana de Fútbol procede
ante los acontecimientos de cada fin de semana en las canchas del país es
muestra de la autoridad absoluta que tienen. Autoridad déspota y descarada. En
este tablero de “Monopolio FutVe” no hay casilla de cárcel, sino de FIFA, la
cual prohíbe la intervención de la justicia del Estado y deja rienda suelta al
todopoderoso señor del penthouse de Sabana Grande.
La libertad de expresión en el mundo del fútbol nacional
es relativa, por no decir nula. Domingo tras domingo detienen los partidos porque
los aficionados muestran trapos con mensajes de disconformidad hacia la FVF y el
seleccionador nacional. Por su parte, gran parte de los colegas se autocensuran
a la hora de criticar para no ir contracorriente porque esto les puede traer
consecuencias (entiéndase negación de acreditaciones para juegos de La
Vinotinto, como mínimo). También hay casos en los que acuerdan por debajo de la
mesa para que el DT nacional declare exclusivamente en los medios de mayor
influencia a cambio de su apoyo incondicional (entiéndase cero
cuestionamientos, algo opuesto a la esencia del periodismo).
Hace aproximadamente 19 años, el puesto de director técnico
de la selección de fútbol absoluta no tenía mayor peso.
Actualmente es un cargo influyente en lo mediático y por lo tanto estratégico
para los intereses monopólicos. Nunca antes un seleccionador había tenido
semejante influjo dentro de la macolla federativa como César Farías. Eso se
traduce en poder, es decir, otro miembro de la macolla.
Sin embargo, el puesto de César está pendiendo de un hilo
por el fracaso en la obtención de su objetivo: clasificar al mundial. Está
claro que los números lo respaldan y que alcanzó cosas importantes como
el cuarto puesto en la Copa América 2011 y la victoria ante Argentina, pero su
contrato se hizo para ir a Brasil 2014.
Para no perder quilates dentro de la cúpula, el plan es que Daniel
Farías gane algo importante con Táchira y así tener los argumentos deportivos
-había olvidado que hablamos de deporte- para encargarle el banquillo
Vinotinto. Ante la falta de logros del cuadro aurinegro por ahora, la FVF debe
tener un plan b: ¿Saragó?, ¿Dudamel?, ¿Bencomo?
Con estos tres nombres Farías perdería pujanza, pero el
presidente de la federación, según las malas lenguas, seguiría monopolizando
con comodidad. La estrategia es no dar espacio a la disidencia, a la
confrontación de ideas. Por eso no hay lugar en los planes para Noél
Sanvicente, el técnico que debería ocupar la dirección del seleccionado por
méritos propios.
Cuando salen pancartas de protesta la FVF actúa con
celeridad, cosa que no sucede cuando los árbitros cometen errores graves de
forma reiterada, ni al momento de poner en marcha medidas concretas para
prevenir la violencia en los estadios.
Si en el Monopolio FutVe un jugador llega a la casilla de
“Arca Comunal” o “Casualidad”, el mensaje en la tarjeta dirá “haga lo que dice
el jefe y no pregunte por qué”. Y el jefe del fútbol venezolano se llama Rafael
Esquivel.
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