jueves, 21 de noviembre de 2013

Nos acostumbramos a las desilusiones [despecho futbolero] (Editorial del día 21 - 11 - 2013)

Por @GustavoECL

Después de la sobredosis satisfactoria de televisión con la excusa de los partidos del repechaje, me entró la nostalgia del "cómo sería todo si La Vinotinto hubiera clasificado". En este momento todas las radios presentarían programas especiales del camino recorrido por la selección. Seguro que las hallacas y el pan de jamón tendrían mejor sabor.

Lamentablemente, la realidad es opuesta a la que viven uruguayos y mexicanos, por citar solo dos de los dichosos 32 países clasificados a Brasil. Lo de la selección venezolana parece más una anécdota de trámite cadivezco fallido.

En Venezuela se han adoptado malas mañas. Una de ellas -tal vez la peor- es la de hacer cola por todo. Para solicitar dólares, cola. Para comprar en el supermercado, cola. Para tomar el bus, cola. Para echar gasolina, cola. Para alcanzar la suprema felicidad, también cola.



El camino Vinotinto hacia Brasil se asemeja a la infernal experiencia del ciudadano que llega al banco a entregar su carpeta para pedir a Cadivi los 500 dólares en efectivo.



La primera fila por hacer es para depositar el dinero en la cuenta para que el banco pueda retenerlo a la hora de formalizar la solicitud con la Comisión de Administración de Divisas. Hay cerca de 80 personas por delante. Difícil comienzo. Parecido a la derrota en Quito en la jornada 1.



Acto seguido, el panorama mejora al conseguir numerito de turno, ardua tarea porque las maquinitas escupe papeles suelen estar fuera de servicio. Sin embargo apareció la cifra impresa y todo augura un camino exitoso. Así como la victoria ante Argentina en la segunda fecha.

Luego hay que esperar que vayan pasando los números en la pizarra electrónica y la espera se hace larga, como en la eliminatoria. Sin embargo, un par de personas amables se acercan a hablar y las promotoras atienden rápido a los clientes. Todo esto hace la diligencia más llevadera y hace pensar que el objetivo es posible, lo cual me recuerda la primera ronda de La Vinotinto. Los tres puntos ante Paraguay en la fecha 8 llenaron de ilusión a todo el país. La misma ilusión frágil que siente  el señor que tiene su carpeta foliada como la pide Cadivi.



El propósito en el banco es entregar la carpeta y consignar la petición de billetes verdes a pesar de todos los obstáculos burocráticos y cotidianos existentes. El ideal en la liguilla clasificatoria es lograr un cupo para el mundial superando en puntos por lo menos a cinco equipos que compiten por el mismo premio.

Las horas de este día bancario siguen su curso de forma más o menos tranquila. Un par de coleados por palanca y la caída temporal del sistema. Solo esos pequeños inconvenientes sacuden la espera hacia el fin trazado, nada de qué preocuparse. Algo así como los compromisos de segunda ronda ante Ecuador, Argentina y Colombia.

Sin embargo, cuando llega el momento decisivo, donde cualquier error cuenta, la tragedia comienza: al ser atendido por primera vez, el hombre entrega su carpeta y recibe la noticia de que un documento hace falta. Debe salir disparado a buscarlo y regresar. Primer aviso. Venezuela se deja empatar de Bolivia faltando cuatro minutos para el final del partido.

Cuando el tipo vuelve al banco con el papel faltante le dicen que el número de folio no es el correcto y que tiene que imprimir una hoja de anexos. El plazo para solicitar los dólares no tiene mañana. El camino se acerca al final y la meta ya no se ve con claridad. La selección pierde en casa contra Uruguay, un rival directo.

El potencial viajero hace sus últimas jugadas y la carpeta de trámite es rechazada porque, lamentablemente, su cuenta en el banco no llega a los seis meses de antigüedad. La Vinotinto cae ante Chile, le gana a Perú y empata con Paraguay. Los puntos no alcanzan. Tanto esperar para fracasar al final.

En este país nos hemos acostumbrado a las desilusiones deportivas y los atropellos cotidianos, afortunadamente, nuestra ligereza caribeña hace que el dolor sea soportable. A pesar de esto, cuando las frustraciones se vuelven recurrentes, ya sean en el fútbol o en los bancos, las heridas resultantes son más difíciles de sanar. 

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