Por @GustavoECL
Después de la sobredosis satisfactoria de
televisión con la excusa de los partidos del repechaje, me entró la nostalgia
del "cómo sería todo si La Vinotinto hubiera clasificado". En este
momento todas las radios presentarían programas especiales del camino recorrido
por la selección. Seguro que las hallacas y el pan de jamón tendrían mejor
sabor.
Lamentablemente, la realidad es opuesta a
la que viven uruguayos y mexicanos, por citar solo dos de los dichosos 32
países clasificados a Brasil. Lo de la selección venezolana parece más una
anécdota de trámite cadivezco fallido.
En Venezuela se han adoptado malas mañas.
Una de ellas -tal vez la peor- es la de hacer cola por todo. Para solicitar
dólares, cola. Para comprar en el supermercado, cola. Para tomar el bus, cola.
Para echar gasolina, cola. Para alcanzar la suprema felicidad, también cola.
El camino Vinotinto hacia Brasil se
asemeja a la infernal experiencia del ciudadano que llega al banco a entregar
su carpeta para pedir a Cadivi los 500 dólares en efectivo.
La primera fila por hacer es para depositar
el dinero en la cuenta para que el banco pueda retenerlo a la hora de
formalizar la solicitud con la Comisión de Administración de Divisas. Hay cerca
de 80 personas por delante. Difícil comienzo. Parecido a la derrota en Quito en
la jornada 1.
Acto seguido, el panorama mejora al
conseguir numerito de turno, ardua tarea porque las maquinitas escupe papeles
suelen estar fuera de servicio. Sin embargo apareció la cifra impresa y todo
augura un camino exitoso. Así como la victoria ante Argentina en la segunda fecha.
Luego hay que esperar que vayan pasando
los números en la pizarra electrónica y la espera se hace larga, como en la
eliminatoria. Sin embargo, un par de personas amables se acercan a hablar y las
promotoras atienden rápido a los clientes. Todo esto hace la diligencia más
llevadera y hace pensar que el objetivo es posible, lo cual me recuerda la
primera ronda de La Vinotinto. Los tres puntos ante Paraguay en la fecha 8
llenaron de ilusión a todo el país. La misma ilusión frágil que siente el señor que tiene su carpeta foliada como la
pide Cadivi.
El propósito en el banco es entregar la
carpeta y consignar la petición de billetes verdes a pesar de todos los
obstáculos burocráticos y cotidianos existentes. El ideal en la liguilla
clasificatoria es lograr un cupo para el mundial superando en puntos por lo
menos a cinco equipos que compiten por el mismo premio.
Las horas de este día bancario siguen su
curso de forma más o menos tranquila. Un par de coleados por palanca y la caída
temporal del sistema. Solo esos pequeños inconvenientes sacuden la espera hacia
el fin trazado, nada de qué preocuparse. Algo así como los compromisos de
segunda ronda ante Ecuador, Argentina y Colombia.
Sin embargo, cuando llega el momento
decisivo, donde cualquier error cuenta, la tragedia comienza: al ser atendido
por primera vez, el hombre entrega su carpeta y recibe la noticia de que un
documento hace falta. Debe salir disparado a buscarlo y regresar. Primer aviso.
Venezuela se deja empatar de Bolivia faltando cuatro minutos para el final del
partido.
Cuando el tipo vuelve al banco con el
papel faltante le dicen que el número de folio no es el correcto y que tiene
que imprimir una hoja de anexos. El plazo para solicitar los dólares no tiene mañana.
El camino se acerca al final y la meta ya no se ve con claridad. La selección
pierde en casa contra Uruguay, un rival directo.
El potencial viajero hace sus últimas
jugadas y la carpeta de trámite es rechazada porque, lamentablemente, su cuenta
en el banco no llega a los seis meses de antigüedad. La Vinotinto cae ante
Chile, le gana a Perú y empata con Paraguay. Los puntos no alcanzan. Tanto
esperar para fracasar al final.
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