Por @GustavoECL
Imaginemos por un momento que Venezuela es un país tradicionalmente
futbolero, de esos que inhalan oxigeno cada vez que su equipo pierde el control
de la pelota y exhalan cuando llega sin peligro a las manos de su portero. Uno
de esos países que no necesita tanto un pedazo de pan como un gol de su
selección. Un país de parches blancos y negros unidos por hilos.
De esta manera, todos coincidimos en que Pdvsa debe presionar
monetariamente al Manchester City para que deje libre a Noél Sanvicente porque
se le necesita en el banquillo de La Vinotinto. Desde Lobatera hasta el Faro de
Barima están solicitando a “Chita” que abandone su periplo exitoso como
entrenador de la élite europea para vestirse de gloria con la selección
nacional.
Los medios de comunicación presentan cada semana un especial
grabado en la Iglesia de la Santísima Zurda de Arango, ubicada en un caluroso
rinconcito de Guanare. En ese lugar, los fieles celebran la resurrección de
Juan luego de caer en desgracia por un codazo del endemoniado Javi Navarro. El
número 18 pinta los muros como símbolo central del arte callejero.
Por su parte, el Deportivo Táchira es uno de los clubes más
ganadores y populares del mundo. Siete Copas Libertadores y una
Intercontinental adornan las vitrinas del mítico Polideportivo de Pueblo Nuevo.
La hinchada recuerda particularmente la final en la que los aurinegros tenían
que vencer al Flamengo en el Maracaná y lo lograron con goles de Patón y Diego
Herrera, con el reloj agonizando, luego de ir perdiendo por un tanto. Qué noche
inolvidable.
Ni hablar de las revistas de farándula que no dejan en paz a Fernando Aristeguieta desde que empezó a salir con Gaby Espino. Luego del
intercambio de palabras en twitter entre Gaby y algunos vinotintos porque ella
anunció un partido de la selección de México, Fernando sirvió como mediador y
allí se produjo el flechazo. Ahora son la pareja nacional y los analistas viven
preocupados de que tanto revuelo pueda distraer al goleador en el ámbito
profesional.
Últimamente, las mujeres y hombres que se ven en las
panaderías no paran de hablar sobre la inminente creación de una liga de fútbol
con autonomía jurídica. Se les nota entusiasmados con la idea y angustiados por
las trabas que puede poner la Federación Venezolana de Fútbol. De vez en
cuando, uno que otro individuo se acuerda del inicio de la temporada de
beisbol, pero nadie le pone mucha atención, ni siquiera los medios de
comunicación.
La catástrofe nacional no pudo ser peor con la mala campaña
de La Vinotinto en las eliminatorias para Brasil 2014. El país entero esperaba
ir al mundial a ganar la segunda copa, pero ahora la espera se prolonga cuatro
años más, cuando se vean renovadas las esperanzas de igualar a los argentinos y
uruguayos en el palmarés global.
Ganar el segundo mundial para Venezuela sin duda que es un
lindo sueño. Pero es eso, un sueño. La realidad que tenemos es otra, una que
dice que este país no es de los más futboleros del mundo, ni siquiera de
Sudamérica, donde todos los vecinos se desvelan día a día por el balompié y
sólo en esta tierra el insomnio es provocado por un Caracas – Magallanes.
A pesar de esto, el panorama no es tan oscuro, ya que cuando
juega la selección se abarrotan los bares. También hay hinchadas numerosas como
las del Táchira y Estudiantes de Mérida. Sin embargo, en una patria donde la
cultura del fútbol es secundaria, todavía queda mucho trabajo por hacer y
muchos pasos que dar dentro de un proceso de crecimiento normal. Para que en un
futuro podamos escuchar hasta a las abuelas hablando del encuentro entre
Mineros y Zamora, es menester seguir
cultivando las semillas de una actividad que, más que un deporte, es una forma
de vida.
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